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miércoles, 4 de junio de 2008

Hipocondría: "Doctor me siento mal..."



La hipocondría o el llamado síndrome del 'mal oscuro' se comporta como una planta. Cuando se habla de la enfermedad que cree padecer una persona, es como si se regara la planta con un fertilizante especial que la hace crecer más y más, por lo que conviene establecer un pacto de silencio y limitar así su crecimiento.

Considerada hasta fechas recientes por la psicología como una alteración secundaria y rechazada por médicos hastiados de interminables consultas y quejas de irresolubles -por inexistentes- enfermedades físicas, la hipocondría ha empezado a recibir la necesaria atención sólo en los últimos 20 años. Y eso que ya los sabios de la Grecia clásica, con Hipócrates a la cabeza, describieron, hace más de 2.000 años, esta enfermedad, que consideraban orgánica.

En la actualidad, la hipocondría se define como un trastorno mental caracterizado por el miedo a tener o por la convicción de padecer una grave enfermedad orgánica, a pesar de que las exploraciones médicas la hayan descartado. Desde el punto de vista clínico, se diagnostica cuando su duración es superior a los seis meses, causa malestar significativo (en forma de angustia y depresión), interfiere en la normal satisfacción de las necesidades sociales y laborales del enfermo, y no se puede explicar por otras patologías como el delirio, la ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo o la depresión mayor.

En general, los sujetos que padecen este trastorno han vivido de cerca la enfermedad durante su infancia, ya sea en carne propia o en la de alguna persona muy cercana (abuelos, hermana o amigo muy querido). Es habitual encontrar a familiares directos que han sido hipocondríacos y han actuado como modelos de quejas o de sobrepreocupación por cualquier menudencia como un simple resfriado, o que han muerto de forma súbita. Estas experiencias les llevan a sentirse muy vulnerables, a tener conciencia de que, en cualquier momento, pueden morir o sufrir una enfermedad terminal, y empiezan a estar alerta ante cualquier señal en su cuerpo que les indique que esto está a punto de suceder.

Sobrepreocupación y ansiedad

Aquí empieza el problema: la sobrepreocupación por llegar a padecer una enfermedad mortal les lleva a desarrollar una atención constante ante cualquier cambio fisiológico significativo, en especial a los relacionados con su experiencia: si el abuelo murió de una crisis cardiaca, estarán muy atentos a los cambios que se producen en su propio corazón. Dado que están muy activados y muy atentos, es de esperar que los constantes cambios que se producen en el organismo, en su continua adaptación al entorno, no sólo sean percibidos, sino que sean amplificados gracias a la atención selectiva que les presta.

Ayuda al enfermo

El punto de partida es la aceptación del trastorno y el tratamiento con una atención especializada. A continuación es necesario que visite a un médico de su confianza, que le remitirá a un especialista en salud mental (psicólogo o psiquiatra). En los casos en que se hace difícil apartarle del convencimiento de que padece una enfermedad orgánica que no saben diagnosticar y de que rechaza sufrir un trastorno psicológico, conviene que llegue a aceptar que su actitud ante la enfermedad no sólo no le ayuda a superarla, sino que va 'contagiando' de malestar el resto de su vida: su estado de ánimo, sus relaciones sociales, el desempeño laboral y su tiempo de ocio, y que algo diferente debe de hacer, para que algo diferente ocurra. Para conseguirlo, puede acudir a un especialista psicólogo 'sólo' para que 'le ayude a sobrellevarlo', sin entrar a cuestionarle sus convicciones hipocondríacas.

Convencer al resto de familiares y amigos de que dejen de reforzar con su atención las continuas quejas y demandas de opinión. Explicarle que su preocupación es como una planta; cuando habla de su enfermedad es como si la hiciera crecer más y más, por lo que conviene establecer un pacto para eliminar este asunto de las conversaciones diarias.

Animarle a que se implique en sus actividades habituales de ocio y en aquéllas que le ayuden a mejorar su control de la activación (sea meditación o tai-chí). Es necesario ayudarle a valorar con posterioridad si éstas hacen que se sienta mejor o peor en términos generales para facilitar su continuidad.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Acné en adolescentes: Falta de sueño y stress lo agravaría


Si eres casi un adolescente, es muy posible que tengas un poco de acné. Aproximadamente ocho de cada 10 preadolescentes y adolescentes tienen acné, al igual que muchos adultos. De hecho, casi 17 millones de personas en los Estados Unidos tienen acné. El acné es algo tan común, que tenerlo se considera parte normal de la pubertad.

El adolescente está madurando, se siente inseguro y es más vulnerable a cualquier comentario, por lo que merman sus relaciones sociales cuando le brotan granos en la cara. Refugiarse en casa suele ser una opción, pero en ocasiones las repercusiones de esta enfermedad inflamatoria van más allá, por ejemplo en un flojo rendimiento académico, si bien este complejo se extiende a cualquier actividad de la vida.

El acné empeora durante el invierno y mejora en verano, probablemente debido al efecto beneficioso del sol. La dieta presenta escasa o nula influencia sobre el acné; no obstante algunas personas son sensibles a ciertos alimentos. Asimismo, el acné también puede aparecer con cada ciclo menstrual en las mujeres jóvenes y puede desaparecer o empeorar notablemente durante el embarazo.


El Estudio
Una nueva investigación afirma que el stress y la falta de sueño, por ejemplo por la presión de un examen no sólo puede empeorar el estado de los granos. Además, agrega que la responsable de la afección sería la inflamación y no la piel grasa, como se venía afirmando. El trabajo fue publicado en la revista médica sueca Acta Derm Venereol.

Muchos adolescentes mencionan que cuando están estresados, su acné empeora . ¿Es esto cierto? Según varios estudios, existe una relación entre el estrés y los granos, que atribuían este vínculo a una mayor producción de sebo o grasa en ese momento. Sin embargo, una nueva investigación de la Escuela de Medicina de la Wake Forest University (EE.UU) afirma, sorpresivamente, que la responsable del brote de acné durante un pico de estrés sería la inflamación y no la piel grasa. Para intentar dilucidar qué está primero, los granos o el estrés, diseñaron un test que les permitió evaluar el proceso.

Según el National Institutes of Health o NIH (EE.UU), el acné "es una condición inflamatoria de la piel caracterizada por erupciones cutáneas alrededor de los folículos pilosos. Se produce cuando los poros de la piel se obstruyen porque la grasa y las células de ésta se acumulan más rápido de lo que pueden salir".

La investigación llevada a cabo por el doctor Gil Yosipovitch, profesor de Dermatología de la Escuela de Medicina de la Wake Forest University y su equipo, afirma que la presión de un examen no sólo puede empeorar el estado de los granos sino que también, sorpresivamente, la responsable sería la inflamación y no la piel grasa , como se venía afirmando. Para llegar a esta conclusión se diseñó un test que permitiría descubrir cómo la tensión contribuye en el proceso.

Los expertos eligieron hacer el estudio en Singapur debido a la temperatura tropical constante y la humedad del país, que afectan la producción del sebo. Los 94 estudiantes seleccionados estaban realizando un curso anual que determinaba si podían ir a la universidad o si debían someterse a un programa menos riguroso. Para llevar a cabo el análisis los jóvenes completaron un cuestionario una vez antes de las pruebas de mitad de año y otra durante el receso de verano.

Los investigadores alemanes sospechaban que verían a la piel de los estudiantes producir más sebo bajo tensión pero no encontraron eso; no tuvieron más puntos negros ni blancos -poros taponados que no incluyen inflamación-, pero presentaron más pústulas o granos -protuberancias con pus-, un hallazgo que sugiere que la inflamación es la responsable y no la producción de sebo. El estudio demostró que los que divulgaron niveles más altos de tensión tenían un 23% más de probabilidades de tener un aumento en la severidad de su acné.

Hay que destacar que el estudio tenía algunas limitaciones como que la mayoría de los estudiantes pertenecían a la etnia china; por lo que habría que evaluar la predisposición. Esto abre la necesidad de estudios más amplios al respecto. Otro punto, evaluado por el doctor Dean Morrell, dermatólogo de la escuela de Medicina de la University of North Carolina at Chapel Hill (EE.UU), es que es difícil separar ansiedad y tensión general de otros factores como cambios en patrones del sueño, la producción de la hormona y la dieta. "La tensión no causa acné, la tensión agrava el acné", destacó Morrell. Por su parte, Yosipovitch cree que los resultados podrían aplicarse a otras condiciones cutáneas: "muchas de nuestras enfermedades de la piel están asociadas con el estrés, como el eccema, la psoriasis y la picazón crónica". La piel, desde mi punto de vista, concluyó el experto, " es un espejo que refleja lo que está pasando en nuestra mente ".

Fuente:

sábado, 24 de mayo de 2008

Los optimistas: Alargan más su vida


No hay que confundir el optimismo con la alegría. El optimismo no conduce siempre a una alegría expresada sino que proporciona paz interior a la persona, y esa paz proporciona una belleza serena que ilumina la personalidad. También en muchas ocasiones alegra la vida, pero no necesariamente siempre. Cuando ocurre una desgracia, por ejemplo, la persona optimista estará triste, pero no desesperada. El optimismo vence al desaliento y al abandono que siempre afean la personalidad. aparte de esto proporciona al organismo ventajas con referente a la salud que otras personas no la tienen.

Existen dos tipos de personas: las que confían en si mismas y en las de más y las personas desconfiadas. Las primeras son normalmente personas agradables, serenas con las que da gusto estar y charlar y que caen bien a los demás, poseen una bella personalidad independientemente de su aspecto físico.

El Optimista vive más

Las personas optimistas disfrutarían de una vida más larga que aquellas con una mirada más oscura del futuro, indicó un estudio a largo plazo. Investigadores hallaron que en casi 7.000 adultos estudiados desde sus años de colegio en la década de 1960, los que eran optimistas en la juventud tenían menos riesgo de morir en los siguientes 40 años que sus pares pesimistas.

En promedio, los participantes más pesimistas eran un 42 por ciento más propensos a morir por cualquier causa que los participantes más positivos, señaló el estudio publicado en la revista Mayo Clinic Proceedings. Los resultados coinciden con los de estudios anteriores sobre factores de la personalidad y la salud, que incluían trabajos que habían relacionado el optimismo con una vida más larga.

Un estudio con adultos mayores halló que aquellos con una mirada positiva del futuro eran menos propensos que los pesimistas a morir en la siguiente década, sin importar su estado de salud al comienzo de la investigación.

Los nuevos resultados podrían explicarse a través de distintos factores, señalaron los autores dirigidos por la doctora Beverly H. Brummett, del Centro Médico de la Duke University, en Durham, Carolina del Norte. Por ejemplo, afirmaron, los optimistas son menos propensos a sufrir depresión que los pesimistas, condición que a su vez podría afectar su salud física. También podrían mantener un estilo de vida más saludable al prestarle más atención al ejercicio y a la alimentación.

Muy importante

Las personas que toman en la vida una actitud optimista gozan de mejor salud general, sobre todo de una buena salud cardiovascular, ya que se ha comprobado que generan menos cortisol en su organismo. Así que a tomar con optimismo la vida...

Fuentes:
American Journal Epidemiology
Reuters Health

jueves, 8 de mayo de 2008

El Herpes Zoster: Patogenia y Tratamiento


El herpes zóster es una reactivación del virus de la varicela caracterizada por pequeñas ampollas dolorosas en forma de anillo agrupadas a lo largo de un dermatoma. El herpes zóster es en realidad una neuropatía, que afecta a los nervios periféricos con o sin manifestaciones cutáneas.

Antes de la extensión de la vacuna de la varicela, la incidencia de herpes zóster aumentaba con la edad. En cualquier caso, la incidencia aumenta con la edad, especialmente a partir de los 55 años, y en pacientes inmunocomprometidos independientemente del grupo de edad. La incidencia en grupos de edad mayores de 65 años ronda los 1900 casos por 100,000 habitantes al año; además, es aproximadamente 3.5 veces mayor en individuos de raza blanca que en hispanos.También se puede dar en individuos de otros grupos, sometidos a estrés emocional severo.

El herpes zóster es causado por el virus varicela zóster (VVZ). Éste es un virus de la familia de los herpesvirus (herpesviridae); en concreto se clasifica como HHV-3 o «virus del herpes humano 3». El VVZ es también el causante de la varicela, enfermedad cutánea clásicamente infantil. Por tanto, es necesario haber estado expuesto a la varicela para desarrollar un herpes zóster.

Cómo se adquiere?

La mayor parte de las personas toman contacto con el VVZ durante la infancia, aunque no siempre tengan varicela (porque tengan un cuadro subclínico). El sistema inmunológico elimina el virus del organismo, aunque éste permanece latente en los ganglios nerviosos (los ganglios dorsales de la raíz, a la salida de los nervios de la médula espinal). También permanece latente en otros ganglios nerviosos del organismo, como el ganglio de Gasser del trigémino u otros de los pares craneales en la cabeza.

Generalmente, el sistema inmune mantiene el virus inactivo. Cuando se deteriora (con determinadas enfermedades, la edad...) el virus se reactiva y se replica en las neuronas, y forma nuevos virus que circulan a lo largo del axón hacia el área de piel inervada por ese ganglio (dermatoma). Una vez ahí, el virus puede causar inflamación de la piel con formación de ampollas. El dolor característico del herpes zóster se produce por irritación de fibras sensitivas en el nervio infectado.

Se han descrito numerosos factores como posibles o probables desencadenantes de la reactivación del VVZ. Todas ellas cursan con una disminución de la capacidad del sistema inmune para continuar manteniendo el virus en estado latente. Entre estos factores se encuentran la edad, el estrés emocional severo, enfermedades graves, inmunosupresión y corticoterapia. Sin embargo, los eventos patogénicos que conducen a la reactivación aún son pocos conocidos. Se han registrado casos de exacerbaciones debidas también a daños en la piel como pinchazos, rascado o mordeduras en áreas más sensitivas de la piel, como los pezones, orejas y axilas.

Tratamiento

Actualmente no existe ningún tratamiento curativo, ni es posible la eliminación del virus del organismo. Sin embargo, existen tratamientos que pueden paliar los síntomas, y disminuir la duración y gravedad del proceso.

Fármacos antivirales: El aciclovir (Zovirax ®) inhibe la replicación del ADNviral, y se usa tanto como tratamiento, como para la prevención (por ejemplo, en pacientes con SIDA). Otros antivirales utilizados son el valaciclovir (Valtrex ®) y el famciclovir (Famvir ®). Durante la fase aguda, se recomienda el aciclovir vía oral, ya que se ha mostrado como el fármaco más efectivo en disminuír la progresión de los síntomas, y en prevenir la neuralgia post-herpética, siempre que se empiece la pauta en las primeras 24 a 72 horas. Los pacientes inmunodeprimidos pueden responder también al aciclovir intravenoso. En pacientes con alto riesgo de recurrencias, una dosis oral de aciclovir dos veces al día, suele ser efectiva. También se ha demostrado que el uso del aminoácido lisina inhibe la replicación del VVZ.

Terapias complementarias: Algunas opciones terapéuticas como las enzimas digestivas eran utilizadas antes de la era de los antivirales. Las enzimas pancreáticas fueron una opción terapéutica en diversos países, y se llevaron a cabo múltiples investigación. Un ensayo clínico multicéntrico a gran escala ha demostrado recientemente resultados prometedores. Los resultados de otro ensayo clínico apoyan la idea de que la terapia enzimática oral es beneficioso en pacientes que además tienen patologías con un aumento de la producción de factor de crecimiento tumoral-beta (β-TGF). Por otro lado, se ha encontrado un aumento de los niveles de β-TGF en pacientes con VVZ.

La ingesta de micronutrientes, como vitaminas antioxidantes (vitamina A, C, E) o la vitamina B, así como el consumo de fruta fresca, pueden reducir el riesgo de padecer herpes zóster. Un estudio en el que un grupo de pacientes tomaban menos de una ración diaria de fruta mostraron un riesgo tres veces mayor de zóster que el grupo que consumía más de tres raciones diarias. Este efecto fue visible también para personas mayores de 60 años. Otro estudio reciente evaluó los efectos de dos tipos de intervención comportamental, el Tai Chi y la educación sanitaria, en adultos sanos. Éstos, tras 16 semanas de intervención, eran vacunados con Varivax ® (una variante atenuada de la vacuna desarrollada por Oka/Merck). El resultado fue una demostración significativa de la eficacia del Tai Chi (sobre todo en combinación con la vacuna) sobre el método educacional.

Para eliminar el ardor/picazón se puede colocar en la zona de la erupción una compresa tibia a fria de jugo de noni todas las noches para dormir. Usar aproximadamente dos onzas. Tomar en ayunas una onza también sería recomendable durante dos semanas como mínimo.

jueves, 17 de abril de 2008

El Dormir poco y la obesidad

Las personas que no duermen bien sufren un aumento del apetito evaluado en un 24 por ciento, especialmente de alimentos ricos en grasa y azúcares.

Un estudio del Instituto Francés para la Nutrición (IFN) revela que dormir poco influye directamente en el aumento de peso así como en la aparición de enfermedades metabólicas o cardiovasculares. "Hemos demostrado que una reducción del sueño disminuye la segregación de la hormona leptina, -limitadora del apetito-, y aumenta la de la grelina, -inductora de la sensación de hambre-", afirma la doctora en neurociencia del IFN Karine Spiegel en el informe.

Así, las personas que no duermen bien sufren un aumento del apetito evaluado en un 24 por ciento, especialmente de alimentos ricos en grasa y azúcares.

Spiegel destaca que, debido al estado de cansancio, estos pacientes disminuyen significativamente su nivel de actividad física, con lo que su gasto energético es casi nulo, y desequilibran su balanza energética ya que cuentan con más horas disponibles para comer.

Un 45 por ciento de las personas de entre 25 y 45 años asegura no dormir lo suficiente y un 17 por ciento acumula sueño crónico, según un estudio publicado el pasado marzo por el Instituto Nacional de Prevención y Educación para la Salud en Francia.

Esta carencia de sueño desencadena "verdaderas epidemias de obesidad", e incluso -a falta de estudios que lo verifiquen-, enfermedades metabólicas como la diabetes, según la especialista en neurociencias. Por eso cree "pertinente" añadir en las prescripciones de régimen para los pacientes obesos consejos de comportamiento relativos al sueño.

El profesor de psicología del IFN Patrick Lévy asegura que la obesidad está en directa relación con el síndrome de apnea obstructora del sueño, caracterizada por los repetidos paros de respiración en el sueño. Este síndrome está provocado por la acumulación de grasa en la zona del cuello que impide el correcto paso del aire por la faringe hacia los pulmones.

En este sentido, Lévy señala que se observa en los obesos una "resistencia a la leptina", todavía más marcada en el caso de los pacientes con apnea, lo que explicaría el riesgo de estas personas a padecer enfermedades cardiovasculares.

viernes, 15 de febrero de 2008

La Depresión

La mejoría de la depresión puede ser un arma de doble filo. Denota cuándo un paciente se está recuperando de esta grave enfermedad mental, pero también es el momento en que los afectados con ideaciones suicidas tratan de atentar contra su propia vida. Los médicos de atención primaria deben intentar descubrirlos en su consulta y orientarlos para evitar estas muertes prematuras.

La depresión afecta entre un 10% y un 15% de la población mundial, al menos una vez a lo largo de su vida, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto significa que el número de personas deprimidas alcanzaría los cuatro millones de personas, lo que implica que el número de psiquiatras y psicólogos es insuficiente para atender esta enfermedad mental. Por fortuna, los médicos de atención primaria están capacitados para atenderlas y tratarlas.

La mayoría de afectados por la depresión presentan un cuadro caracterizado por el desánimo, la apatía y la tristeza profunda. En ese estado apenas reúnen fuerzas para levantarse de la cama al día siguiente. Cuando mejoran, uno de los grandes riesgos de estos pacientes -sobre todo mujeres- es que les asalten esas ideas suicidas. De hecho, curiosamente, muchos cometen tentativas de suicidio durante la etapa de recuperación, puesto que mientras dura la fase de tristeza profunda no tienen capacidad para ello, ni siquiera para planificarlo.

Sin embargo, la fase de recuperación resulta especialmente peligrosa. En ese momento los pacientes han recobrado parte de sus fuerzas, que todavía son insuficientes para afrontar la vida con optimismo pero suficientes para planear el suicidio e, incluso, intentar llevarlo a la práctica.

La empatía con el enfermo es fundamental para intentar averiguar qué pacientes desarrollan ideaciones suicidas. Así, en la entrevista clínica se recomienda al médico ir de menos a más en las preguntas íntimas y partir de temas generales para luego introducir preguntas más importantes. Ésta sería una de las múltiples formas para preguntarle acerca de los pensamientos suicidas de un modo indirecto. Una vez que el médico llega a la conclusión de que el paciente tiene ideaciones suicidas, debe considerar cuál es el mejor modo de abordar su atención. En los casos de mayor riesgo, puede enviarlo al hospital. Estos casos de riesgo alto se identifican gracias al conocimiento de distintos marcadores o indicadores de riesgo de suicidio: pacientes que viven solos, con pocos vínculos sociales y familiares, problemas económicos o de adicción al alcohol, entre otros.

Todo ello debe ser valorado por el médico de atención primaria. Pero, si éste descubre que el paciente tiene buenos vínculos familiares y sociales, y nunca ha hecho un intento de autolesión, es posible tratarlo en el primer nivel asistencial con la medicación pertinente. No obstante, debe asegurarse de que llega a una 'alianza terapéutica' con el paciente, es decir, conseguir que éste le prometa acudir a la consulta y tomar la medicación que se le prescriba.

No obstante, el médico debe hablar con sus familiares para dejarles claro que no deben forzar al enfermo a hacer cosas que no desea o para las que no tiene fuerzas. Es posible que la familia, con la mejor de sus voluntades, intente sacarlo de casa o promover actividades con él a las que no habría que obligarle, al menos durante la fase de tristeza, apatía y desesperanza propia de la depresión. Más adelante, sí que se puede intentar programar actividades que le ayuden a salir de la apatía.

Fitoterapia de la Depresión


Existen muchas, pero entre las principales están las siguientes para complementar el tratamiento convencional o quizás para prevenir cuadros depresivos en el futuro:

El Ginkgo Biloba

Poderoso antioxidante que neutraliza los radicales libres que pueden dañar las células nerviosas al igual que otras células. También aumenta la cantidad de oxígeno disponible para el cerebro. Esto lo logra al incrementar el contenido de oxígeno en la sangre, aumentar el abasto de sangre al cerebro y mejorar la disponibilidad de glucosa en el cerebro. Es bueno para evitar la coagulación excesiva de la sangre en pacientes con riesgos de trombosis.

La Kava

Esta es una planta oriunda de la Polinesia que ha adquirido fama por sus propiedades calmantes. Su mayor efectividad en cuanto a la depresión parece ser en casos en que ésta va acompañada de ansiedad. Como remedio contra la ansiedad, la raíz de Kava ha producido alivio comparable al de medicamentos como el Valium pero sin los efectos secundarios de éstos. En países como Gran Bretaña, Suiza, Austria y Alemania se ha aprobado su uso para el tratamiento del insomnio, la depresión y la ansiedad.





El Noni
También es oriunda de la Polinesia francesa y posee gran cantidad de elementos nutracéuticos ansiolíticos que ayudan a combatir la depresión crónica de las personas. Las hojas de la planta también pueden tomarse como infusión.

La Hierba de San Juan

Es particularmente efectiva en casos de depresión leve y moderada. La hierba de San Juan recientemente ha adquirido fama por sus propiedades antidepresivas. De hecho en Alemania es la sustancia más recetada para casos de depresión superando incluso a medicamentos como Prozac. Posee la ventaja de producir muchos menos efectos secundarios que dichos medicamentos. Además es mucho más barata que estos.

Dosis de otras plantas

Jengibre: ( Zingiber officinale) ( Comer jengibre junto a las comidas o ingerir 3 capsulas al día repartidas en 3 tomas)
Valeriana: (Valeriana officinalis L.) (Infusión de unos 15 gramos de la raíz de la planta que se deja reposar durante toda la noche)
Sauce : ( Salix alba) ( Infusión de una pizca de hojas y flores secas. Tres tazas al día)
Espino ( Crataegus oxycanta L.) (Una cucharada de jarabe 3 veces al día. Se vende en farmacias.
Salvia de los prados ( Salvia pratensis L. ) ( 30 gotas al día de tintura )
Menta , mentastro: ( Menta piperita , Mentha rotundifolia ) ( Para calmar las palpitaciones cardiacas se puede beber agua caliente con unas gotas de su esencia )
Manzanilla : ( Matricaria chamomilla L.. ) ( Infusión de una cucharada de flores secas. Tomar una taza por las noches para conciliar el sueño)
Melisa: ( Melisa officinalis L. ) ( Infusión de una cucharadita de planta seca por taza de agua. Tomar 3 tazas al día )
Milenrama (Achilea millefolium L. ) (Mezcla de tintura de manzanilla y milenrama a razón de 4 gotas diarias después de las tres comidas principales)


Lic. Clara Bassi

sábado, 26 de enero de 2008

La Risa como cura

La risa es buena para la salud y se la considera una forma de terapia alternativa, que se denomina risoterapia. Hay varios lugares en donde se realizan talleres de risoterapia para descargar emociones y liberar el estrés. También genera la limpieza y la lubricación de los ojos por las lágrimas, despeja la nariz y los oídos, y libera toxinas del cuerpo. También oxigena más lo pulmones y la piel. Y aunque resulte bastante lógico produce endorfinas en el cerebro que proporcionan el equilibrio psíquico de las personas, generando felicidad, serenidad y creatividad, y reduce la ansiedad y el estrés.


Reírse hace que funcionen 400 músculos, además aumenta la capacidad pulmonar, oxigena los tejidos, alivia el estreñimiento, libera adrenalina, mejora la autoestima, aleja el estrés, calma el dolor, genera sensación de bienestar, estimula las defensas del cuerpo, mantiene la elasticidad de las arterias y reduce la ansiedad, definitivamente reírse es muy bueno, intentaré ver, leer u oír más cosas graciosas, por no reírme sin ningún motivo.

Pero parece ser que eso no es todo, porque en una investigación realizada en la Universidad de Maryland descubrieron que ver películas cómicas mejora en un 20% el flujo de la sangre. Por lo que se llegó a la conclusión de que reír disminuye el riesgo a sufrir un ataque al corazón. Quienes tengan problemas cardiacos, comiencen a reír más, alquilen algunas películas cómicas y nada de cosas tristes.

Ante eso el cardiólogo Michael Millar, aseguró “Treinta minutos de ejercicio, tres veces a la semana, y 15 minutos diarios de risa genuina son la mejor terapia para el sistema cardiovascular”.

En fin definitivamente está confirmado que unos minutos de risa diarios son más que buenos para nuestra salud, así que si no eres de las personas de fácil sonreír, comienza a intentarlo, si es necesario recurre a las cosquillas, y tarde o temprano comenzaras a sonreír sin tener que emplear ningún método para forzar la carcajada.

La risa es conocida por estas propiedades desde hace siglos, y actualmente se utiliza en varios centros terapéuticos y hospitales como medio de contribuir a la salud mental de los individuos. Es increíble cómo algo que parece tan cotidiano y natural contribuye tanto a nuestro bienestar emocional. Reír nunca sobra.

sábado, 12 de enero de 2008

Anorexia Nerviosa

El término anorexia proviene del griego a-/an- (negación) + orégo (tender, apetecer). Consiste en un trastorno de la conducta alimentaria que supone una pérdida de peso provocada por el propio enfermo y lleva a un estado de inanición.

La anorexia nerviosa es un desorden alimenticio que amenaza contra la vida y es caracterizada por la privación de comer y por la pérdida excesiva de peso. El desorden es diagnosticado cuando una persona pesa por lo menos el 15 por ciento menos del peso normal de su cuerpo. La pérdida de peso extrema en las personas con anorexia nerviosa puede conducir a problemas peligrosos de salud e inclusive a la muerte.

El término anorexia significa literalmente "pérdida del apetito"; sin embargo, esta definición es engañosa ya que las personas con anorexia nerviosa con frecuencia tienen hambre pero, de todos modos, rechazan la comida. Las personas con anorexia nerviosa tienen intensos temores a engordar y se veen así mismos gordos inclusive cuando están muy delgados. Estos individuos pueden tratar de corregir esta percibida "imperfección" limitándo el ingerimiento de la comida de manera estricta y haciendo excesivo ejercicio con la finalidad de perder peso.

Algo de Historia

El primer caso de anorexia se dio en Santa Catalina de Siena. Con 26 años su idea de dedicar su vida a Dios chocaron con los planes de sus padres de casarla.
Esta situación la llevó a encerrarse en su habitación a maltratarse no comiendo consiguiendo ingresar al final en la orden dominicana pero con la mitad de su peso.
El prestigio de Catalina de Siena se extendió rápidamente y tras su muerte, a los 28 años, contaba con muchas seguidoras religiosas.

Incidencia
El trastorno suele iniciarse entre los 14 y 18 años de edad, pero en los últimos tiempos está descendiendo la edad del inicio. El paciente anoréxico experimenta un intenso miedo al aumento de peso a pesar de que éste disminuye cada vez más y de una manera alarmante. Se produce una distorsión de la imagen corporal, lo que obliga a mantener la dieta. Sucede mas en mujeres que en hombres.

El hecho de la pérdida de peso es negado prácticamente siempre por el enfermo y no suele tener conciencia de la enfermedad. Esta malnutrición produce alteraciones, síntomas y trastornos: hipotensión, alteraciones de la piel, caída de cabello, trastornos gastrointestinales, etc. También se dan síntomas de ansiedad, depresión y obsesivos. Esta malnutrición también provoca tristeza, irritabilidad, aislamiento social e incluso ideas de muerte y suicidio.

Las preocupaciones por el alimento se hacen auténticamente obsesivas. Los pensamientos y actitudes relacionados con el cuerpo, el peso y la alimentación, y la evolución de la enfermedad indican que después del diagnóstico, un 25% de las pacientes siguen siendo anoréxicas, un 40 % tiene síntomas depresivos y un 25% obsesivos. La mortalidad se sitúa entre el 8 y el 10% pero cuando la enfermedad dura más de 30 años este dato se eleva al 18%.

Aproximadamente la mitad de las pacientes anoréxicas experimentan episodios bulímicos, esto es también un trastorno del comportamiento alimentario caracterizado por la presencia de episodios en los que el enfermo ingiere cantidades de alimento superiores a lo normal, aunque en principio el bulímico no desea en absoluto ese atracón. Después de estos atracones, siguen vómitos, laxantes, diuréticos...

Causas

La causa exacta de la anorexia nerviosa no es conocida pero las investigaciones sugieren que una combinación de ciertos razgos de la personalidad, patrones emocionales y de pensamientos, así como factores biológicos y ambientales podrían ser los responsables.

Las personas con anorexia nerviosa, con frecuencia, usan la comida como una manera de ganar un sentido de control cuando otras áreas de sus vidas están bajo mucho estrés o cuando se sienten abrumados. Los sentimientos de incompetencia, baja auto estima, ansiedad, rabia o soledad también podrían contribuir al desarrollo de este desorden. Adicionalmente, las personas con desórdenes alimenticios podrían tener relaciones problemáticas o tener una historia de haber sufrido burlas respecto a su tamaño o peso. La presión de los amigos y una sociedad que identifica la esbeltez y la apariencia física con la belleza también puede tener un impacto en el desarrollo de la anorexia nerviosa.

Los desórdenes alimenticios también podrían tener causas físicas. Los cambios en las hormonas que controlan la manera como el cuerpo y la mente mantienen el humor, el apetito, los pensamientos y la memoria, podrían fomentar los desórdenes alimenticios. El hecho que la anorexia nerviosa tienda a correr en las familias también sugiere que la susceptibilidad a este desorden podría ser heredada.

Clases de Anorexia

1) Restrictiva: la persona limita severamente la ingestión de alimentos, especialmente aquellos que contienen carbohidratos y grasas.

2) Bulímica: (también denominada tipo comer en exceso/ purgante): durante el período de la AN, la persona se embarca regularmente en ciclos de atracones y/o purgas (por ej., vómito autoinducido, laxantes, diuréticos).

Podríamos hablar y hablar sobre este mal sin satisfacer al lector del todo, pero más que describir la enfermedad, este blog pretende buscar posibles soluciones. Le planteamos a continuación el posible tratamiento para este desorden psico-somático.

Tratamiento

1) Intervenir al enfermo. A menudo es utilizada por quienes quieren a la persona afectada y les preocupa su conducta, sea un trastorno de la ingesta, abuso de drogas o alcohol u otras clases de comportamientos autodestructivos. La intervención puede ser un medio eficaz de comunicar su preocupación, establecer algunas reglas y quizás que la persona afectada, decida buscar ayuda. Es normal esperar resistencia de la anoréxica. Obtienen una sensación de orgullo e identidad del hecho de estar delgadas y se sienten atacadas cuando alguien trata de cambiarlo. Es necesario reconocer los miedos de la paciente. Para una anoréxica, la idea de cambiar de hábitos mantenidos durante meses, quizá años, asusta de verdad porque comenzará a pensar o temer que se está intentando convertirla en una gorda. No hay que minimizar estas preocupaciones aunque parezcan irracionales. Hay que recordar en todo momento el propósito de la intervención. Su objetivo es ayudar a la persona afectada. Si no se consigue la primera vez, hay que continuar intentándolo; no hay que renunciar ni perder de vista el objetivo.

2) Planteamiento del problema. Hay mayores posibilidades de que alguien con anorexia no quiera buscar ayuda por si misma, se presentará de mala gana probablemente con uno o dos de los padres. Pero ¿por dónde empezar? El médico de cabecera es un buen comienzo. Si ésta no es una opción, actualmente muchos hospitales disponen de programas para el tratamiento de la ingesta. Cuando se plantee esta situación, es necesario buscar un programa adecuado para tratar el trastorno. Por último, una cuestión importante a tener en cuenta a la hora de comenzar un tratamiento de la anorexia es que una relación estrecha y de confianza entre paciente y terapeuta es esencial para la relación terapéutica. La paciente debe sentirse cómoda con las personas que la están tratando, de lo contrario hay muchas posibilidades de que la terapia no resulte tan eficaz como podría.


Es importante recordar que no hay una cura milagrosa para los trastornos de la ingesta. Estas enfermedades implican problemas contra los que las pacientes han luchado y seguirán luchando durante la mayor parte de sus vidas, pero un buen programa de tratamiento ayudará a reforzar la autoestima y enseñará a las pacientes a enfrentarse a sus problemas sin recurrir o incurrir en conductas autodestructivas. El programa también ayudará a restaurar la salud y la fuerza física.

Hay que tener muy presente que para determinar si el paciente necesita internamiento y hospitalización requiere la participación de un médico que determinará la gravedad del enfermo.


Fuentes:

1) TORO, JOSEP: " El cuerpo como delito: anorexia, bulimia, cultura y sociedad". Ed. Ariel, Barcelona 2000
2) TANNENTAUS, NORA: " Anorexia y bulimia". Ed. Plaza & Janés,
Barcelona 1992.
3) BRUMBERG, Joan Jacob. The Appetite as Voice. Food and Culture: A Reader. Ed. Carole Counihan. New York: Routledge, 1997.159-179.