miércoles, 26 de marzo de 2008

Las Vacunas: Prevención oportuna

Cuando hacia fines del siglo XVIII E. Jenner observó que los ordeñadores de vacas desarrollaban unas ampollas en sus manos -idénticas a las que tenían las vacas en sus ubres por una enfermedad que afectaba al ganado exclusivamente llamada "Vaccinia"- y que además, no se enfermaban de Viruela -que en esos momentos azotaba a Europa con una terrible epidemia-, pensó que alguna "sustancia" tenía que haber en el contenido de esas "ampollas" que les confería cierta protección frente a la enfermedad.


Tras esta simple observación, el 14 de mayo de 1796, Jenner extrajo una cantidad del contenido de una ampolla de la palma de la mano de una ordeñadora y lo inoculó en un niño de 8 años. Unos días más tarde, el niño desarrolló una forma de viruela muy leve que desapareció sin dejar ninguna complicación.

Tras esto, Jenner inoculó la propia viruela en el niño, quien no la desarrolló, demostrando así que esa era la mejor manera de proteger a Inglaterra de la epidemia. Esto significó el inicio de una nueva era en la medicina mundial: la vacunación.

A partir de ese momento hasta nuestros días mucho se ha avanzado a favor de la vacunación. Gracias a ella millones de niños en el mundo sobreviven a muchas enfermedades que en un momento fueron mortales y diezmaban poblaciones enteras sin que algo pudiese hacerse.

Pinchazo necesario

Por la vacunación podemos decir que la prevención en la medicina hoy por hoy resulta un pilar fundamental para el control de enfermedades transmisibles. Sobre todo, lo más importante es que gracias a la vacunación se ha logrado erradicar enfermedades como la viruela, la Poliomelitits en América, y próximamente el sarampión y la difteria, entre otras.

La razón por la cual nosotros debemos vacunar especialmente a nuestros niños es porque no tienen las defensas del todo desarrolladas. Los que tienen la suerte de ser alimentados exclusivamente con leche materna reciben una gran cantidad de anticuerpos de la madre contra muchas enfermedades, pero no contra todas. Estos anticuerpos probablemente les confieren una protección de aproximadamente un año en tanto sus defensas van desarrollándose (una buena forma de estimular el desarrollo de buenas defensas es a través de la vacunación).

En los países pobres, los niños se salvan, por lo menos durante los 2 o 3 primeros años de vida, de la desnutrición y la muerte probablemente gracias a la lactancia materna. Después, la desnutrición es casi una constante. Por esta razón es que la mayoría de las vacunas importantes son colocadas antes de los 2 años. Además, un requerimiento indispensable para la producción de buenas defensas frente a estas enfermedades es que el estado nutricional del niño sea bueno.

¿Las vacunas tienen efectos colaterales?

Muchas veces, los padres me han consultado con mucha ansiedad respecto a los efectos colaterales o adversos de algunas vacunas. Es decir, sobre la seguridad que ofrecen.

La verdad es que cada vacuna está muy bien estudiada antes de ser distribuida a nivel poblacional, y no son estudios de un año o dos, son por lo menos diez años de investigación, ensayos y modificaciones, de tal manera que no queden dudas sobre la seguridad.

Sin embargo, cada vacuna tiene alguna mínima posibilidad de producir algún efecto adverso. Por ello, siempre que vacunemos a nuestros niños debemos estar seguros que quien coloca esa vacuna sea su pediatra y si el niño acude a un centro de vacunación, ustedes tienen derecho a exigir que un médico capacitado esté presente para aclararles cualquier duda que ustedes pudieran tener o cualquier temor que les pudiera surgir de algún comentario, que en alguna circunstancia pudieran haber escuchado.

Sería realmente una tragedia creer en cuentos urbanos y dejar de vacunar a la población, exponiéndola al rebrote de enfermedades ya erradicadas. Imagínense que a causa de la poliomielitis algunos desafortunados niños tengan que volver a usar muletas, aparatos ortopédicos de por vida para desplazarse o, lo que es peor, que muriesen por causa de algo que pudo evitarse; que teníamos cómo, pero que nos negamos a usar ¿Qué irresponsabilidad, no?
Dr. José Recoba

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