lunes, 28 de enero de 2008

Los Gustos Alimentarios se heredan?


Los primeros años de vida son esenciales para una futura alimentación adecuada en la madurez. Generalmente, los niños aún pequeños están sujetos a determinadas aversiones y preferencias, lo que puede conducir en ocasiones a una dieta carente de algunos nutrientes.

Un nuevo estudio norteamericano muestra ahora que es posible guiar la futura dieta si se empieza a trabajar desde los primeros años. Todo empieza por la madre. La investigación afirma que la preferencia de los niños hacia un alimento determinado depende directamente de los gustos de la madre, pero con una condición: que el niño haya sido amamantado de forma natural y, por tanto, haya estado expuesto a todo aquello que agrada a la madre a través del líquido amniótico antes de nacer y de la leche durante la lactancia.

El estudio, que ha aglutinado a 45 niños por debajo del medio año de edad, ha sido publicado en el último número de la revista 'Pediatrics'. Según Julie Mennella, del Centro Monell Chemical Senses (Filadelfia, EE.UU.), el estudio ahonda en la comprensión de la «evolución de las preferencias alimentarias» y podría ayudar además al desarrollo de herramientas tanto para consejo nutricional como para el desarrollo de nuevos alimentos. La comprensión de los problemas alimentarios que conlleva el estudio podría llevar a encontrar una posible explicación a porqué más de 22 millones de niños por debajo de los cinco años sufren ya de problemas de obesidad en el mundo.

Lo mismo de siempre

Para muchos padres es un auténtico dolor de cabeza dar de comer, de forma habitual, verduras y frutas a sus hijos. Estos alimentos, según Mennella, «están relacionados con la reducción de los niveles de obesidad y algunos cánceres», por lo que potenciar el gusto por estos alimentos parece ser la clave. Según el estudio norteamericano, esto es posible: «El mejor vaticinador de la cantidad de frutas y verduras que comen los niños es si les gusta el sabor de dichos alimentos». Por tanto, si se puede educar a los niños a valorar positivamente estos gustos, «se puede iniciar desde los primeros años de vida una alimentación saludable».

La cuestión es ahora conocer hasta qué punto la insistencia en que los niños coman verdura se llama simplemente educación alimentaria o gusto hereditario. Sea lo que sea, muchos padres tienden a ceder ante los primeros rechazos del hijo hacia un cierto alimento, algo que Mennella aconseja evitar por completo. De forma innata, los niños expresan facialmente el disgusto hacia el mismo, y los padres declinan a menudo el intento. Según Mennella es algo relativamente normal. «Los niños nacen con un rechazo natural al sabor amargo», pero si los padres quieren realmente enseñarles a comer de forma saludable, deben insistir en ofrecerles la oportunidad de hacerlo. Pero el gesto, aunque innato, no es sinónimo de odio a la comida.

Conclusión

La lactancia materna confiere una ventaja inicial en la aceptación de ciertos alimentos. La experta aconseja, por tanto, consumir habitualmente verduras y frutas tanto en el embarazo como en la lactancia para así familiarizar al hijo con el sabor. Una vez termina la lactancia, se debe seguir trabajando, exponiendo al niño al mismo alimento para que pueda aprender a valorar positivamente su sabor, algo que Menella constata con el aumento de la ingesta de verduras en la segunda intervención. El conjunto favorable de factor hereditario con educación alimentaria es la clave para guiar a los niños, desde que nacen, en la adquisición de una alimentación saludable que se agradezca en el futuro.


NÚRIA LLAVINA RUBIO

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