martes, 20 de noviembre de 2007

La Hidroterapia: El Volver a la Vida Intrauterina



La hidroterapia es la parte de la terapéutica física que tiene como objetivo el empleo del agua como agente terapéutico en cualquier estado físico o temperatura, utilizando sus características químicas, mecánicas y térmicas, contribuyendo así al alivio y curación de diversas enfermedades. Etimológicamente encontramos el origen de la palabra en los términos griegos 'Hydor' (agua) y 'Therapeia' (terapia). El agua representa para el ser vivo en general uno de los elementos esenciales para su supervivencia. Al hombre, entre otras utilidades, ese liquido también le reporta beneficios inestimables cuando es usado en terapias de diversos tipos. Es como regresar por un momento, a estar en un medio parecido al del seno materno, en medio del líquido amniótico.

Esta terapia no es una moda reciente, sino que, por el contrario, data desde la época de la civilización egipcia. La historia de la hidroterapia recorre todos los procesos históricos de la humanidad a partir de esta civilización en adelante. Durante la época grecorromana gozó de una notable popularidad, dejándonos los romanos sus baños, lugares de reunión que cumplían un rol fundamental en la sociedad de la época.

Es una terapia que parece insignificante, puesto que todos los días nuestro cuerpo toma contacto con el agua, sea para una ducha de 10 minutos, un baño en la playa o una lavada de manos. Pero la hidroterapia no es cosa de todos los días.

La clave de la hidroterapia son las temperaturas del agua, y cuando nos bañamos, la temperatura de la misma oscila entre los 26° y 33°, sin causar ningún efecto en nuestro cuerpo, puesto que se aproxima a nuestra temperatura corporal (36°).

Al manipular las temperaturas del agua, nuestro cuerpo sufre sus efectos, y podemos sacar provecho de eso.

Si la temperatura del agua está fría (entre los 19° y los 26°), se pueden incrementar las funciones metabólicas de nuestro organismo, y reducir inflamaciones. Si nos bañamos a esta temperatura, nuestro cuerpo sentirá en un primer momento frío, y luego sentirá calor. El agua caliente (34° a 38°) aumenta el calor de la piel y provoca un estado de placidez. Contribuye a aliviar nuestro organismo y disminuir el estrés.

Por cierto, el agua muy caliente (39° a 45°) nos generará una sensación de desagrado al principio, pero pasada la misma sentiremos mucho placer. Si se aplica un tratamiento de agua muy caliente durante uno o dos minutos, para luego finalizarlo con agua fría, nuestro cuerpo se verá beneficiado, puesto que esto contribuye a nuestro sistema circulatorio.

Como se puede apreciar, una mera ducha no puede catalogarse como hidroterapia, puesto que sólo con eso no se influirá en nuestra salud y bienestar.

Finalmente es necesario destacar que el agua es un elemento esencial para el organismo, pues ya sea en forma de linfa o de sangre transporta, disuelve, distribuye los alimentos por las células, remueve residuos, etc. Tanto su ingestión (agua pura, preferentemente de fuente mineral, o en forma de infusiones) y su uso en banos de limpieza diarios, como su aplicación a través de métodos específicos, constituyen una manera segura de utilizar la naturaleza para conseguir el equilibrio del cuerpo.


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